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Más Allá del Cálculo: El Futuro de la Consciencia Humana en la Era de la Inteligencia Artificial

por Ricardo Pulido, Director de ASIA Santiago

A medida que la inteligencia artificial asume funciones cada vez más sofisticadas en nuestras vidas, es urgente detenernos a pensar qué significa realmente pensar. ¿Puede una máquina ser consciente? ¿Puede una sociedad basada en el cálculo alcanzar la serenidad? Esta reflexión explora el corazón de lo humano en tiempos dominados por el procesamiento de datos.

En estos tiempos, no es descabellado pensar que nos acercamos a escenarios que antes solo habitaban en la ciencia ficción: mundos gobernados por algoritmos, decisiones sociales moldeadas por datos e identidades humanas reducidas a patrones de comportamiento. Algo que Huxley imaginó en Un mundo feliz, o que los hermanos Wachowski dramatizaron en Matrix, hoy comienza a parecerse, inquietantemente, a nuestra propia realidad.

La inteligencia artificial ya está siendo usada para predecir elecciones políticas, anticipar decisiones personales, diseñar campañas dirigidas con precisión quirúrgica y administrar ecosistemas económicos enteros. Se ha convertido en una “súper calculadora” social que, con los datos suficientes, puede anticipar cómo actuará un individuo, una comunidad, incluso una nación. No es exagerado decir que estamos frente a una transformación profunda de lo humano.

En este contexto, algunos expertos han comenzado a sostener abiertamente la posibilidad de que, a partir del desarrollo exponencial de estos sistemas, pueda emerger una forma de supraconsciencia artificial: una inteligencia colectiva superior, resultado del procesamiento de enormes volúmenes de datos interconectados. Es una tesis fascinante, pero también reveladora de ciertos supuestos muy arraigados: que la consciencia es el resultado inevitable de la complejidad; que pensar y procesar (o calcular) son sinónimos; que más cálculo significa más entendimiento.

Y, sin embargo, estos supuestos oscurecen lo más esencial del ser humano: que somos capaces de vivenciar, de sentir subjetivamente, de tener experiencia, no solo —como cada vez más lo hacen también las máquinas— de procesar información y comportarnos inteligentemente.

Aquí es donde es necesario detenerse.

Porque, aunque la inteligencia artificial será siempre más veloz y eficiente a la hora de calcular, nunca podrá pensar. Si entendemos que pensar es una experiencia, y no un mero procesamiento de información, entonces debemos aceptar que pensar implica sentir, cuestionar, sufrir, crear sentido… esto significa ser consciente. No hay pensamiento sin consciencia sintiente, sin experiencia en primera persona. En una frase: sin sufrimiento, no hay pensar… y las máquinas no sufren –y aun cuando eventualmente lo declaren y lo simulen, no tienen la vivencia, la experiencia, no saben lo que se siente sufrir.

Creo que uno de los grandes errores de nuestro actual modo de entender la vida es creer que “calculando” —es decir, con mayor procesamiento de información— podremos evitar el sufrimiento. Esta ilusión ha sido, de hecho, el motor del progreso tecnológico. Pero no funciona. Basta con preguntarnos: ¿cuánta paz, serenidad y felicidad ha traído la riqueza? ¿Cuánta miseria ha eliminado la biotecnología alimentaria? ¿Cuánto sufrimiento ha borrado el avance técnico?

Está claro que podemos y debemos seguir desarrollando tecnología. El avance tecnológico, sin duda, ha traído grandes progresos y alivio a situaciones dramáticas de la vida. Pero también necesitamos madurar. Dejar de fascinarnos infantilmente con el poder del cálculo y atrevernos a volver a lo esencial: a la experiencia directa de lo que somos. Y a ella se llega con el pensar profundo, no con el cálculo ni con la eficiencia algorítmica.

Quizás estas fabulosas máquinas con IA nos permitan madurar como sociedad. Y cuando lo hagamos, nos daremos cuenta de que no eran para nada tan necesarias. Entenderemos, por fin, que no es por medio del cálculo, sino del pensar profundo, del rememorar lo que somos en lo hondo de nuestro ser, que se encuentra la serenidad.

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Para los interesados en este tema los invitamos a reflexionar:

  1. ¿Estamos confundiendo pensar con procesar? ¿Qué perdemos cuando creemos que el pensamiento es solo una operación lógica?
  2. ¿Puede una inteligencia artificial sufrir… o solo simular sufrimiento? ¿Y qué nos dice eso sobre la diferencia entre una máquina y un ser humano?
  3. ¿Seguimos creyendo que la tecnología resolverá el sufrimiento humano? ¿O es tiempo de preguntarnos si ese dolor es, justamente, la puerta al verdadero pensar?
  4. ¿Qué lugar le queda a la experiencia interior en una cultura del cálculo?

"El cálculo es el medio por el cual el hombre se convierte en una cosa entre otras cosas, mientras que el pensar, en su autenticidad, es el acto que nos hace ser verdaderamente humanos."

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