La experiencia cambia según el lugar donde atendemos.
por Matías Tupper, instructor de ASIA Santiago
Mientras lees estas palabras, tu corazón ha latido varias veces. No tuviste que recordárselo. No tuviste que hacer ningún esfuerzo.
Mientras tanto, la Tierra sigue girando. La luz del sol atraviesa el espacio para llegar hasta tus ojos. Tu cuerpo realiza miles de procesos invisibles para sostener la vida. El invierno comienza a llegar. El aire entra y sale de manera ininterrumpida, sin que tengas que hacer nada para que ocurra, en una danza silenciosa que comenzó incluso antes de que nacieras.
Y probablemente no hayas pensado en nada de esto durante el día. No porque no sea importante, sino porque nos acostumbramos.
Y es que podemos adaptarnos incluso a lo más extraordinario. Nos acostumbramos a despertar cada mañana, al latido del corazón, a la posibilidad de caminar, de ver, de escuchar. Nos acostumbramos a las personas que amamos, a las estrellas, al calor del sol sobre la piel, al hecho de existir.
Y aquello que un día podría habernos llenado de asombro se vuelve paisaje. La vida se vuelve algo obvio.
Nos levantamos, cumplimos nuestras tareas, hacemos planes, resolvemos problemas y llegamos al final del día sin darnos cuenta realmente cómo lo vivimos. Como si hubiéramos atravesado las horas, pero no las hubiéramos habitado.
Nuestros cuerpos están aquí, pero nuestra atención suele estar en otro lugar: preocupada por lo que vendrá, revisando lo que ya pasó o perdida en pensamientos que nos alejan de la experiencia directa de este momento.
Quizás, antes de seguir leyendo, puedas detenerte un instante. Respirar. Y simplemente darte cuenta de que estás aquí.
Y sin embargo, la vida siempre ocurre aquí. Nunca en el pasado. Nunca en el futuro. Siempre en este instante.
Por eso la práctica del mindfulness comienza con algo tan simple y tan revolucionario como prestar atención. No para convertirnos en alguien diferente, ni para alcanzar un estado especial. Sino para redescubrir lo que ya está presente.
La atención plena nos invita a volver a la experiencia inmediata de estar vivos. A sentir la respiración. A escuchar los sonidos que nos rodean. A percibir el cuerpo desde dentro. A contemplar el mundo con una mirada menos apresurada y más disponible.
Es una invitación a despertar. Porque cuando realmente prestamos atención, algo cambia.
De pronto redescubrimos aquello que ha estado siempre allí, pero que rara vez vemos. Y podemos notar que el aire tiene textura. El brillo de la mañana. Que en este momento miles de procesos están ocurriendo silenciosamente para sostener la vida. Que el cielo nunca es exactamente igual al del día anterior.
Descubrimos que la vida cotidiana está llena de una belleza silenciosa que normalmente pasa desapercibida.
La verdad es que la felicidad probablemente tenga más relación con esto de lo que imaginamos. Quizás sentirse feliz no dependa únicamente de conseguir más cosas, alcanzar nuevas metas o resolver todos nuestros problemas.
Quizás también dependa de nuestra capacidad de reconocer la inmensa riqueza que ya está aquí.
El cuerpo que respira. El corazón que late. La luz que entra por la ventana. La posibilidad de sentir. La posibilidad de amar, existir y de darnos cuenta de ello.
Cada día contiene miles de pequeños milagros que solemos pasar por alto. Por ello, la práctica de mindfulness es, en el fondo, un acto de recuerdo.
Recordar que estamos aquí, que la vida no es algo que ocurrirá mañana. Está ocurriendo ahora. Que existimos. Y que podemos despertar a esa verdad una y otra vez.
Quizás practicar la atención plena no sea otra cosa que aprender a participar conscientemente de este misterio.
Detenernos lo suficiente para reconocer que nada de esto es obvio. Que nada de esto estaba garantizado. Que estar aquí es, en sí mismo, un acontecimiento extraordinario.
Este instante.
Esta respiración.
Este darnos cuenta.
Una invitación
Si estas palabras resonaron en ti, te invito a acompañarnos en un encuentro gratuito de mindfulness para explorar juntos cómo volver a la experiencia viva del presente.
- Sábado 25 de julio
- 11:00 a 13:00 hrs
- Asia Santiago
No nos reunimos para aprender algo nuevo. Nos reunimos para recordar la maravilla de estar vivos.