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Tres Reflexiones en torno a la Meditación y el Conflicto Social

Ricardo Pulido

 
 

Director de ASIA Santiago

 

“¿Cómo entonces la meditación puede ser una vía de transformación social, de resistencia, de revolución, de combate y no convertirse en una vía de resignación y sumisión o de egoísmo auto erótico como algunos piensan?”

Estamos presenciando el estallido de conflictos sociales en varias partes del planeta y con ejemplos insólitos de manifestación. Chile, España, Brasil y Turquía son algunos ejemplos de movilizaciones de gran envergadura e intensidad. ¿Cuál es la raíz del descontento? ¿Qué está pasando a nivel global? 

Es cierto que parte fundamental de la práctica y enseñanzas del mindfulness es aceptar cada cosa tal como venga… pero ¿Cómo aceptar las injusticias del mundo? ¿Cómo aceptar la violencia y los abusos? ¿Para qué meditar si luego tengo que luchar?

Uno podría pensar en los Samurai que meditaban antes del combate, justamente para estar lúcidos y prepararse para la muerte. Pero es un discurso extemporáneo y lejano a nuestra tradición.  

¿Cómo entonces la meditación puede ser una vía de transformación social, de resistencia, de revolución, de combate y no convertirse en una vía de resignación y sumisión o de egoísmo auto erótico como algunos piensan?

Quisiera compartir con Uds. tres ideas que me están dando vueltas en torno a estas preguntas.

1.- Los conflictos sociales globalizados derivan del pensamiento económico que rige nuestra vida personal y social

Lo que estos conflictos sociales, de diferentes partes del planeta, tienen en común, es que se trata de manifestaciones contra distintas realidades que se derivan del sistema neoliberal globalizado, modelo que, a mi modo de ver, conlleva dos aspectos esenciales:

    • Una pérdida del sentido y del significado de la existencia, si no a nivel individual, al menos a nivel colectivo.
    • La mercantilización de cada uno de los aspectos de la vida.

De esta forma, este modelo social poco a poco ha traído un cambio en la forma de pensar, de pensar el mundo y de pensarnos y, como consecuencia, el pensamiento económico se ha introducido en la subjetividad de cada persona, ya no es solo un modelo externo, impuesto desde afuera o al cual adherimos, se trata de un modelo interno de valores que organizan la subjetividad de las personas. Sin ir más lejos, hoy en día lo humano, el ser humano, es visto como un recurso, el recurso humano.

El pensamiento económico es un derivado del pensamiento técnico analizado por Heidegger, donde la ganancia (profit) y la eficiencia se elevan como los valores fundamentales que regulan nuestra vida social. ¡Y somos parte de él! Acaso no sentimos rabia cuando alguna somos víctimas de la ineficiencia del sistema (los call center, los tacos, las colas, las esperas, etc.).

Las manifestaciones en Chile se han concentrado en criticar el lucro en la educación. Es fácil darse cuenta que de fondo los jóvenes no están atacando un modelo educativo sino que atacan una filosofía imperante. La crítica va mucho más allá de la educación. Atacan la mercantilización de la vida y del pensamiento económico del que es consecuencia.

2.- La verdadera emancipación es liberar al sujeto del pensamiento económico

La verdadera lucha, más que contra este o este otro modelo, debiera ser contra el pensamiento matriz que los genera: el pensamiento económico. 

Este pensamiento, muy útil en determinados contextos, se vuelve dañino cuando se ubica en el centro de la subjetividad del individuo: las personas organizan entonces sus experiencias de sí, del mundo y del otro desde este pensamiento.

Lo más difícil de ver, es que el pensamiento económico no está sólo en los grandes empresarios, sino en el ciudadano común y corriente, en cada uno de nosotros, en los mismos jóvenes que lo critican. Sí, esto es lo más difícil de ver.

Es difícil mirar de frente que el pensamiento económico no es causa de la codicia y ambición de unos pocos, sino que, complementariamente, de la incapacidad de las masas de renunciar al consumo de bienes: el pensamiento económico no podría subsistir sin una fiel masa de consumidores ávidos de nuevas tecnologías, bienes materiales, alimentos sabrosos, prolongación y aseguración de la vida, etc.   

Quisiera instalar la idea que si el que marcha por el fin del lucro en la educación no está dispuesto a renunciar a una serie de bienes y comodidades materiales, su denuncia será ineficaz. 

Quisiera instalar la idea que no es posible eliminar el lucro en la educación, en la salud, en el sistema de pensiones, etc., y que todos cambiemos el teléfono celular cada año. 

Este es un primer punto donde la meditación juega un papel importante. La meditación es una vía para renunciar y liberarse de las necesidades materiales y sociales  creadas, porque nos hace tomar consciencia de que nuestra felicidad y paz profunda no se encuentran en la ganancia, sino en la aceptación de la pérdida. En lugar de vivir para consumir, nos enseña a dejar que la vida se consuma pacíficamente, porque, en pocas palabras, meditar es prepararse a morir.

O sea Meditación como vía de emancipación, no como práctica de adaptación y bienestar. Emancipación de los propios condicionamientos, pretensiones, ambiciones, impulsos, de la propia reactividad que nos hace hacer y hacer, consumir y consumir, buscar y buscar, proyectar y proyectar y no poder estar nunca apaciguados, tal como dice la famosa frase de Pascal: “todos los males del hombre derivan de su incapacidad para estar solo en una pieza consigo mismo”.

3.- La fuerza de la verdad es el verdadero motor del cambio social

La meditación no es sólo un medio para aclarar la mente… más bien es una práctica que busca la claridad de la mente para que en esa claridad pueda florecer una sabiduría diferente, que no está disponible normalmente en el día a día, en la vida cotidiana de todos nosotros.

Gandhi es seguramente un gran ejemplo de cómo la paz espiritual no se contradice con las revoluciones sociales. Llevó a la India a la independencia de Inglaterra a través de la no-violenta no-cooperación. Partía desde un principio muy poderoso: satya graha, la fuerza de la verdad en nosotros.

Esta fuerza de la verdad está presente en cada persona. Todos queremos la verdad. Nadie quiere ser engañado. La fuerza de la verdad está presente, pero no está disponible pues se obscurece por los intereses personales y, en especial, por el pensamiento económico al que me gusta llamar el calculador que hay en cada uno de nosotros, esa voz interna que sopesa y se pregunta “¿me conviene o no me conviene?”.

Esto es muy desconocido para nuestro mundo actual: una fuerza que nos habita, que tiende a la verdad y que se obscurece cuando intentamos controlar nuestras vidas y auto-afirmarnos. Pero en realidad no es para nada desconocido al pensamiento cristiano. Decía Jesús “quien salve su vida la perderá y quien pierda su vida en nombre mío la salvará”.

Esta fuerza de la verdad no solo existe, sino que todo conflicto social está animado por ella. En toda reivindicación social es la percepción del absurdo, del arbitrio, lo que se impone. Cuando las prácticas sociales como el machismo o el neoliberalismo extremo o los abusos y el maltrato se ven a la luz de la verdad, se ven claramente como arbitrariedades y como un absurdo: simplemente no es legítimo, no es sensato sostenerlas. 

Hoy en día no es muy bien visto hablar de la verdad, pero si no existiera la verdad, el reclamo colectivo sería un problema de subjetividades, un conflicto entre dos o más formas de pensar el mundo y lo social, o sea una mera lucha por el poder. Sin embargo, en los movimientos sociales hay mucho más que una simple perspectiva u opinión contraria al paradigma dominante. Es la voz del absurdo la que se hace sentir. Y denuncia la falsedad, lo arbitrario, reclama ir en favor de la verdad.

Es tan cierto que la fuerza de la verdad nos habita, que en este mismo instante los que están siguiendo esta reflexión estarán preguntándose: “¿es cierto o no?” Puede que nos equivoquemos en la respuesta, pero el hecho que queramos saberlo, que nos lo preguntemos, indica que hay una búsqueda de lo verdadero en nosotros. Esto es muy interesante: si están de acuerdo conmigo me dan la razón, pero si están en desacuerdo conmigo, también me la dan, porque habrán tenido que preguntarse: “¿es cierto o no lo que dice?” 

¿Qué es lo verdadero? ¿Que tenga que haber educación gratuita? ¿Que no se deba lucrar? No, pienso que estas son formas históricas que va tomando la verdad. La fuerza de la verdad no se impone como forma preconcebida acerca del mundo y sus instituciones. La fuerza de la verdad es siempre una fuerza denunciante de la falsedad:

¡La verdad no afirma nada, solo denuncia… esa es su fuerza!

Aquí entonces aparece la meditación como una práctica que permite cultivar el no-hacer que invita a la verdad a mostrarse, a desocultarse y que dona claridad a la mente y al corazón para actuar desde la fuerza de la verdad antes que desde los intereses creados, personales y/o colectivos. 

En resumen, lejos de estar en contradicción con las luchas por la justicia social, hoy en día la meditación puede ser un camino para hacerla desde una transformación más profunda que involucra: 1) la transformación del sujeto, emancipándolo de su propio pensamiento económico y 2) la apertura hacia la fuerza de la verdad que nos habita y su aceptación radical. 

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